Tu herramienta de gestión de listas para GTD®, ¿qué necesitas?

Tu herramienta de gestión de listas para GTD®, ¿qué necesitas?

 

Antes de meternos de lleno en una aplicación concreta como es OmniFocus, y aún sabiendo que much@s aguardáis las siguientes entradas como lluvia de mayo, os debo una reflexión necesaria muy en la línea de la anterior entrada de la serie y con el objetivo de complementarla, ya que quizá en ella no fui lo suficiente explícito a este respecto.

Me he pensado bastante durante esta pasada semana si incluir esta entrada, aunque sí tenía claro que de incluirla, el momento era este y no otro.

El motivo de pensármelo tanto es que soy consciente de que alguna persona (no se si muchas o pocas, pero me consta que alguna seguro) está esperando con ansia que avance la serie para tener en cuenta (en mayor o menor medida) mi criterio a la hora de configurar su aplicación para su uso acorde a los principios que propone GTD®.

Sin embargo, también puede que haya personas que leyendo esta serie de entradas, ahora o en el futuro, tomen una decisión poco acertada si obvio hacer algunas aclaraciones previas.

La fundamental es obvia, sin embargo en ocasiones actuamos como si no lo fuera tanto. ¿Qué necesitas? Con que es fundamental no me refiero a la pregunta (que por supuesto lo es), sino a dar una respuesta sincera y realista a la misma. Si das una respuesta sincera a esta cuestión, tienes el 90% del trabajo duro hecho en lo que se refiere a elegir y configurar tu herramienta. Si no necesitas más que una libreta y un bolígrafo, y además te gusta escribir a mano y tu trabajo se aleja de estar todo el día frente a un ordenador, ¿Para qué te complicas?. Una libreta y un bolígrafo es una herramienta excelente. Si, por otra parte, sí que pasas buena parte de tu jornada frente a un ordenador y te es más cómoda una herramienta digital, ¿Qué necesitas?.

¿Necesitas que sea multiplataforma, porque te mueves entre diferentes sistemas? ¿Que esté traducida al castellano porque tu nivel de inglés es muy básico o incluso nulo? ¿Que funcione sin acceso a Internet porque buena parte de tu día te mueves en lugares con mala o nula cobertura? ¿Trabajas en un lugar al que no puedes acceder (o hacer uso) de dispositivos electrónicos? Plantéate estas y otras cuestiones y dales una respuesta sincera, acota tus necesidades reales, y tendrás casi todo el trabajo hecho.

Que tenga más colores, no es una necesidad. Que sea la más cara, o la más «Pro», que sea la herramienta de moda o que su icono quede más resultón en la pantalla de inicio de tu móvil no son necesidades. Son fundamentalmente factores estéticos (y perecederos) que poco o nada aportan al terreno práctico. Es importante que seamos sinceros con nosotros mismos, y admitamos la practicidad como factor diferenciador, reduciendo al mínimo el resto. Al fín y al cabo, buscamos mejorar nuestra efectividad, ¿no?

En mi caso, precisamente dar una respuesta sincera a esta pregunta es lo que me ha alejado de OmniFocus. 

En este momento concreto de mi camino, cambiar de aplicación para la gestión de mis listas ha sido la respuesta lógica a mi necesidad de poder consultar mis listas en todo momento y lugar, cuando hoy en día alterno mi trabajo entre diferentes plataformas como pueden ser Mac y Windows. Podría hacer uso de mi iPad mientras trabajo bajo Windows. O suscribirme a una versión web «poco usable» de OmniFocus. Pero la respuesta sincera a si esas alternativas eran la mejor de mis opciones ha sido no. Son parches para evitar una decisión necesaria.

Otra cuestión que considero importante tratar es la de la «potencia» de la herramienta. Y es que parece que tener una herramienta que pueda hacer «de todo», filtrar los datos de mil y una maneras, y ofrecernos mil y una vistas diferentes de nuestros datos clasificándolos por cualquier criterio que se nos pueda ocurrir, es casi un equivalente a que haga las cosas por nosotros.

Sí, lo sé, no hace las cosas por nosotros pero ayuda mucho… o no. Yo he pensado así durante mucho tiempo, pero hoy ya no. Me he dado cuenta que nada sale gratis. ¿Qué quiero decir con esto?

Con esto quiero decir que, si quieres que tu herramienta pueda filtrar todo tu contenido por Áreas de Responsabilidad, deberás indicarle esas Áreas por cada ítem que introduzcas en tu sistema. Si quieres que filtre por tiempo, o por energía, deberás aportarle también ese dato. Una herramienta «potente» te ofrecerá muchas opciones, siempre y cuando la mantengas aportándole toda la información que necesita para ejecutar esas consultas, porque no piensa por sí misma. ¿Te compensa aportar toda esa información a cambio de lo que recibes? El trabajo duro no lo hará.

Mi experiencia a lo largo de los últimos años me dice que, salvo a un porcentaje insignificante de usuarios hablando en términos globales, no compensa. Es decir, trabajas para ahorrar trabajo, pero trabajas más para ahorrar menos. Como decía mi compañera Marta con otras palabras, identifica qué necesitas y olvida lo que puedas necesitar en un futuro lejano, por el momento.

Con todo esto, llego al momento de ponerme a tirar piedras contra mi propio tejado. Yo, que voy a publicar una serie sobre OmniFocus, te pregunto: ¿Necesitas realmente una herramienta como OmniFocus? ¿Estás decidiendo de forma racional y tratando de maximizar tu propio beneficio realmente, aún teniendo en cuenta su coste, sus limitaciones (que también tiene), o su pronunciada curva de aprendizaje? ¿O estás eligiendo de manera impulsiva, emocional, guiándote por aquello que (sin sentido alguno) representa en determinados círculos?

Con esta entrada, en absoluto he querido decir que OmniFocus no sea una buena opción. Lo es sin duda alguna. Lo que he querido transmitirte es que si te encuentras en la situación de decidirte por tu primer gestor de listas, o si como en mi caso, ha llegado el momento de hacer un cambio, evalúes de forma racional qué necesitas y para qué lo necesitas, y busques cubrir tu necesidad del modo más simple posible dejando a un lado modas o apariencias. El gestor que elijas te acompañará en un largo camino, y te arrepentirás si tomas esa elección en base a criterios superfluos.

Si estas palabras han sido útiles para que reconsideres tu decisión me alegraré, sea para hacer cambios o para reafirmarte en tu postura. Reconsiderar, cuestionarse a uno/a mismo/a, siempre es saludable.

Y sea como sea, te prometo que la semana que viene sí, entraremos en materia «de verdad» con OmniFocus. Entretanto, recuerda, GTD® es 99% hábitos y 1% herramienta…

Herramientas GTD®, ¿Las hay mejores y peores?

Herramientas GTD®, ¿Las hay mejores y peores?

 

Hace pocas semanas (producto de alguna de las ideas que tenía incubadas desde hace tiempo) he cambiado la herramienta que venía utilizando para gestionar las listas de mi sistema GTD®.

Hace varios años, en la época en que aún no conocía la metodología, probé varias herramientas. En algunas de ellas me mantuve pocas semanas, en alguna concreta meses, pero ninguna terminaba de convencerme. Y eso que en todos los casos me compraba o me suscribía a la versión «Pro», no fuera a ser que en ese cambio a la versión con más extras se encontrase el factor diferenciador que estaba buscando y fuese a quedarme sin descubrirlo.

Terminé asentándome en una herramienta en concreto, supongo que en parte porque estaba cansado de saltar de una a otra, y en parte porque -a mi criterio por aquel entonces- era lo más profesional que podía encontrar. Entonces, si ninguna terminaba de convencerme al 100%, la decisión de quedarme con la que más opciones de configuración, menús y submenús, y extras de todo tipo podía ofrecerme, era algo que -de nuevo, en aquel entonces- parecía tener mucho sentido.

De ese modo, sería complicado que llegase el día en que esa herramienta se me quedase corta en recursos.

La vida nunca termina de sorprendernos, y cómo no, en esta ocasión no podía ser diferente. La super-herramienta que puede hacer casi-cualquier-cosa que se le pida, se me ha quedado corta. Pero se ha quedado corta en un sentido radicalmente diferente al que yo trataba de anticipar años atrás. Precisamente se me ha quedado corta en un aspecto en que el resto de opciones que contemplé por aquel entonces no se hubieran quedado. ¿Te ha pasado algo parecido? Seguro que sí…

Es curioso e incluso irónico en cierto sentido, visto hoy, el transcurso de la historia. 

Sin conseguir encontrar la aplicación perfecta bajo mi criterio, me quedé con la que consideré más potente buscando que no se quedase obsoleta. Comencé con un sistema hiper-complicado, y cada vez fui simplificando más y más mi flujo de trabajo llegando a no hacer uso de ninguna de esas supuestas características «Pro» que me llevaron a decidirme por ella. Y ahora la abandono buscando una funcionalidad básica que no puede ofrecerme, lo cual me apena e incomoda terriblemente a partes iguales. Quizá poco comprensible.

Para mí tiene sentido. Esa herramienta me descubrió GTD®, lo que más allá de una metodología ha llegado a convertirse en una parte fundamental de mi vida.

Con esa herramienta di mis primeros pasos, me equivoqué -muchas veces-, aprendimos de la mano, aprendí a conocerme a mí mismo al tiempo que aprendía a conocerla a ella. Me regaló valiosos aprendizajes, siendo un espejo «visible» de mis avances en el conocimiento de la metodología y de mi propia persona y mente. Pero ese cariño, ha sido fruto del trabajo codo con codo durante meses, y años. Hoy me doy cuenta de que en cierto modo crecimos juntos y ahí radica su sentido, no en que pudiera ofrecerme nada exclusivo.

Generosa hasta el final, noble, robusta, aún se despidió del único modo que podría ser: Mostrándome sin tapujos que era el momento de seguir caminos separados. Nunca se sabe, quizá esos caminos vuelvan a cruzarse. O quizá no.

En su honor, hoy comienzo con esta entrada una serie que será mi homenaje póstumo a ella. Y tú, ¿Te has planteado iniciarte en GTD® con OmniFocus?

Si es así, te espero con la segunda entrada de esta serie el martes próximo.

El poder de un diario como generador de ideas

el poder de un diario para generar ideas

 

Hace ya bastante tiempo que comencé a escribir un pequeño diario con regularidad casi meridiana. La práctica totalidad de los días escribo, solamente falto a mi cita con el teclado algún día (muy puntual) que por algún motivo mi jornada se alarga en exceso y ponerme a escribir supondría decir «no» a otros compromisos que antepongo a este.

Al principio me costó convertir en un hábito escribir diariamente. Algo que me ayudó a mantener este compromiso conmigo mismo en el tiempo fue aterrizar esa idea que era «escribir a diario». Cuando la aterricé, todo se tornó más sencillo.

Tal vez a ti te pase lo mismo, quieres «escribir a diario» y no lo consigues, comienzas un día con ímpetu a tres días después has abandonado la idea. ¿Te has preguntado qué significa para tí «escribir a diario»?

Cuando yo comencé se me hacía muy cuesta arriba, y era porque erraba en mis planteamientos. Buscaba un producto final, coherente, pulcro, digno de enseñar al más exigente de los públicos, pero que poco o nada tenía que ver con lo que realmente me sería útil. Lo que yo busco en un diario, va más allá de buscar inmortalizar momentos para revivirlos en el futuro.

Cambié este enfoque, y todo cambió. Incluso mi predisposición a escribir. Y hasta hace muy poco tiempo no sabría argumentar el porqué.

Fué tras terminar mi curso oficial de acreditación como formador en la metodología Belbin® cuando comencé a establecer nexos entre unos y otros detalles y a comprender este porqué.

Sin profundizar mucho en esta metodología (os animo a que investiguéis sobre ella), compartiré con vosotr@s que mis dos roles más altos son los de FI (Finalizador) y ES (Especialista), mientras que uno de los más bajos en mi perfil es de CE (Cerebro). Esto quiere decir que aporto habilidades y conocimientos muy específicos en el área en que soy experto, o que me encuentro cómodo buscando errores, puliendo y perfeccionando en busca de un resultado final de calidad. Sin embargo, no me encuentro cómodo ni nace de forma espontánea en mí trabajar en el apartado de generación de ideas. 

De esta forma, he descubierto el porqué de que cuando intencionalmente trato de generar nuevas ideas me cueste, me atasque, y los resultados sean generalmente más bien pobres. Sin embargo, si comienzo a escribir sobre qué hecho hoy, qué ha llamado mi atención o qué me ha puesto de mal humor a media tarde, he descubierto que puedo abstraerme por 10’ y dejar fluir mi imaginación, anotar ideas sueltas en muchas ocasiones de forma inconexa totalmente, algunas desarrolladas y otras a medio desarrollar, algunas con sentido y otras más bien vacías del mismo. Algunas de estas ideas toman tres líneas, y otras tres palabras.

El resultado final es una extraña mezcla entre un borrador de algún escrito, y un barrido mental.

Hacer el ejercicio de escribir de esta forma, es bastante liberador, y hasta gratificante. Y el verdadero valor del contenido escrito reside, para mí, en regresar a esos esbozos pasados unos días. En muchas ocasiones me encuentro con contenido cuyo valor es realmente bajo más allá de la pura curiosidad sobre «en qué estaría pensando el primer lunes de mayo». Pero en muchas otras, me he encontrado con ideas que han sido el origen, o el detonante, de actividades posteriores. Te animo a probarlo, un diario como generador de ideas.

La efectividad como necesidad en la empresa

La efectividad en la empresa

 

Según los datos proporcionados por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social a fecha enero de 2.019, en España hay un total de 2.886.759 empresas, dato que se detalla como sigue:

1.559.798 son autónomos, profesionales independientes sin asalariados. 1.143.015 son microempresas, con hasta 9 asalariados. 154.738 son pequeñas empresas, aquellas con hasta 49 personas asalariadas. 24.508 son medianas empresas, entendiendo como tales aquellas que cuentan con hasta 249 personas asalariadas. Y finalmente, 4.700 son grandes empresas, con más de 250 personas asalariadas.

De esto se extrae, entre otros datos, que los autónomos suponen el 54% del total, o que sumando autónomos y microempresas nos acercamos peligrosamente a un 94% del total (entendido si hablamos en número de empresas). Pequeñas y medianas empresas rebasan por poco el 6% siguiendo el mismo criterio, y la gran empresa se queda en un discreto 0,2%.

Lógicamente, estos porcentajes cambiarían mucho si nos centrásemos en número de asalariados, en lugar de número de empresas. Basándonos en ese dato, autónomos y microempresas juntos no llegarían a ocupar una tercera parte del total, y en cambio en este caso la gran empresa sí que llegaría a rebasar la tercera parte del número total de asalariados. Hablamos de un total de 15.762.686 personas.

Tanto unas como otras empresas, grandes o pequeñas, buscan la estrategia perfecta para no solo mantener posición, sino avanzar.

Un muy pequeño porcentaje de las de menor envergadura declararía que sus aspiraciones son a mantener su posición. Quizá un escaso número de autónomos y de microempresas (fundamentalmente, negocios familiares) que han llegado a un punto cómodo en su evolución, y aspiran a mantener esa posición de comodidad (lo cual no es necesariamente malo, aunque tenga «peros» ante los que haya que prepararse). El resto, el porcentaje aplastante hablando en términos generales, quiere crecer. Crecer en general. Quieren crecer las personas dentro de las organizaciones, y las organizaciones mismas. Da igual el motivo; Superación personal, búsqueda del incentivo económico, … da lo mismo. Quieren crecer.

Y para crecer, desde complejos planes estratégicos a varios años hasta regalar unos llaveros rotulados o unos imanes de nevera a los clientes. Todo vale. Ganarse la confianza del cliente es difícil, perderla extremadamente fácil. Y sin la confianza del cliente es francamente difícil crecer.

Tener claro qué, cómo y a quién quieres venderle es fundamental, y no es sencillo. Las empresas pequeñas son más ágiles, pueden virar más deprisa si es necesario, tanto más cuanto más pequeñas sean (y esta es una gran fortaleza que, en muchos casos, no aprovechan suficientemente). Las más grandes son más torpes si hablamos de hacer un cambio de rumbo rápido, y precisamente porque son conscientes de ello estudian mejor en fases previas cada paso que se da.

Hay empresas que buscan ofrecer máxima calidad de productos o servicios, porque saben que existe un cliente potencial para ello. La competencia es feroz, hay que ofrecer «el mejor». El mejor producto, la mejor gama, el mejor servicio. Lo mejor, siempre vende.

Otras, buscan vender volumen a precio (y margen de beneficio) reducidos. Destacar no es una batalla menos encarnizada, hay que trazar la línea a partir de la cual la calidad de nuestra oferta pierde valor drásticamente, y en su extremo opuesto, su homónima en cuanto al precio que no podremos rebasar.

En medio de todas ellas, un mercado enorme que se mueve en los grises, en el que destacan aquellas empresas que consiguen los mejores resultados en la media calidad/precio, sin ser «lo mejor» ni «lo más barato».

Más de 15 millones de personas repartidas en casi 3 millones de empresas están a la búsqueda de mejorar sus procesos

Hoy, por tratar un tema de actualidad, es frecuente leer acerca del «salto a la nube» de muchas empresas. Un avance que permite poder trabajar fácilmente en movilidad, desde cualquier lugar. Permite además reducir costes importantes en infraestructura y su mantenimiento, reducir riesgos, etc.

No dudo de sus beneficios, estoy de acuerdo con todos aquellos más comunes que suelen citarse cuando lees un artículo. En mi empresa, que es pequeña y ágil, trabajamos con sistemas basados en la nube desde hace años y estamos más que satisfechos.

Sin embargo, encuentro (en general) un defecto claro en las decisiones que desde las empresas se toman orientadas a mejorar esos procesos. Desconozco si se trata de una carencia en la información que se maneja para tomar las decisiones, o si simplemente son decisiones mal tomadas (lo cual nos llevaría de nuevo a un defecto de información).

Que las herramientas son útiles en la medida en que sepas utilizarlas no es ningún secreto. Si necesitas hacer fuego y te dan una caja de cerillas (fósforos), ¡menuda suerte! Salvo… que no hayas visto una cerilla en tu vida, ni sepas para qué se usa. En ese caso, probablemente las dejarás a un lado y te pondrás a frotar palos. 

Si trasladamos este ejemplo (quizá un poco exagerado) al mundo laboral, te invito a pensar en algo. Más allá de las competencias básicas necesarias para el desarrollo de nuestro trabajo (el saber qué debemos hacer y cómo hacerlo, uno o varios idiomas, etc.) hay una, en concreto una competencia transversal que se relaciona con todas las demás, que en la gran mayoría de los casos no hemos desarrollado. Ni nos hemos planteado hacerlo. Dicha competencia recibe el nombre de efectividad personal. Nadie nace siendo efectivo, pero todo el mundo puede llegar a serlo. En otras palabras, la efectividad (como toda competencia) se puede aprender.

Una persona que ha desarrollado esta competencia (esto es, una persona efectiva) es más eficiente y más eficaz. Una persona efectiva hace bien las cosas correctas. Consecuencia de ello, no solamente disfruta más haciendo lo que hace sino que consigue mejores resultados, y consecuencia de ello es más feliz.

La efectividad como competencia viene a aportarnos un manual de buenas prácticas de la más preciada de las herramientas que utilizamos a diario en cualquiera que sea el ámbito que nos movamos, nuestro cerebro. Trabajar en su desarrollo es, no solo un camino plagado de satisfacciones que no termina nunca, sino también el arma más poderosa y punto de partida fundamental a la hora de mejorar nuestros procesos.

Hace ya tiempo que yo descubrí el poder de desarrollar esta competencia, y desde entonces he seguido avanzando en mi camino. Hoy, me cuesta creer que hubo un tiempo en que me sentaba en mi escritorio y trataba vanamente de organizarme en una mesa que no podía albergar más pilas de papeles sin que se cayera todo por el suelo, totalmente angustiado por un sentimiento de incapacidad para mantener a flote un barco con demasiadas vías de agua. Un barco que es una de esas pequeñas empresas de la lista. Me cuesta creer que pasara tantísimo tiempo hasta el momento en que me di cuenta que la solución a esa situación estaba únicamente en mí. Ni en mis clientes, ni en mis proveedores. Enteramente en mi tejado.

Desde entonces, es mi compromiso (al igual que el de mis companer@s en OPTIMA LAB) descubrir, y ayudar a desarrollar, la efectividad personal a esos más de 15 millones de personas que empujan esas casi 3 millones de empresas cada día, entre las cuales te encuentras. ¿Comenzamos?

XIII Jornadas OPTIMA LAB

XIII Jornadas OPTIMA LAB

 

Hace hoy una semana, estábamos disfrutando del día central de las XIII Jornadas OPTIMA LAB. Para mí, las segundas.

Al momento de escribir estas líneas, aún siento como si estuviera allí mismo ese aire fresco de la sierra de Madrid. Las vistas desde la terraza de la habitación que compartí con Jordi eran impresionantes, acompañadas además de un silencio rotundo a primera o última hora del día. No puede negarse que, en un entorno como este, es fácil abstraerse. «Estar a lo que estás» aún cuando no estás haciendo nada más allá de admirar el paisaje, respirar profundamente o escuchar el silencio.

En este sentido, ha sido un privilegio haber disfrutado de ellas en un entorno como el que posee el Euroforum Arcipreste de Hita.

Ha sido un entorno que me ha gustado particularmente, quizá en parte a causa de llegar a este punto tras unos meses de mucha actividad. Durante este último año he trabajado incesablemente en mi certificación como GTD® Trainer, y en mis Practitioner en PNL y Belbin®. Todo ello manteniendo al tiempo mis compromisos adquiridos en otras áreas, laborales o no laborales.

Hubo un tiempo, hace años, que mantener a un nivel de calidad «aceptable» una sola de esas áreas casi me lleva al colapso, pero eso ha quedado atrás. Aunque el camino durante este último año no ha sido fácil, puedo asegurar con rotundidad absoluta que no hubiera sido posible sin abrir las puertas a una competencia transversal como es la efectividad personal.

Por desarrollar esa competencia trabajamos cada día en OPTIMA LAB, y en ello nos hemos centrado, también, en estas Jornadas. Y cómo no, en esta ocasión también sirviéndonos de esa herramienta que es Trello, abordando los temas a tratar en base al tiempo y energía disponibles.

Día 1, lunes 9 de septiembre

Tras un fin de semana intensísimo y tenerlo ya todo preparado para mi viaje, salgo por la mañana en coche desde Gijón con rumbo a Navacerrada. Son unas cuatro horas de viaje, así que no me toca madrugar mucho. Tráfico fluido (en Asturias es festivo) y en el tiempo estimado estoy en mi destino.

Soy el primero en llegar, pero apenas cinco minutos después llegan David y Jordi, y poco tiempo después Marta, Paz y José Miguel. Tras situarnos en las habitaciones, comida y la inevitable puesta al día. Hay que tener en cuenta que en algunos de los casos, no nos habíamos visto desde las anteriores Jornadas.

En este primer día abordamos temas muy interesantes.

El modelo de los 9 Roles de Belbin® nos ha aportado información valiosa en lo que respecta a nuestro trabajo en red. La información es inútil en tanto hagas algo con ella, así que ya hemos comenzado a aplicar algunos cambios que con toda seguridad serán beneficiosos.

Por otra parte y a título individual, el Cognitive Preference Survey ha sido, al menos en mi caso, un descubrimiento con un potencial asombroso. Me llevo información tan valiosa como, por citar algún ejemplo, que el movimiento corporal facilita mi compresión y aprendizaje o que leer a ráfagas intensas pero cortas es mi gran aliado a la hora de enfrentarme a textos densos o largos. Esto nos llevó a hacer varias reflexiones sobre su aplicabilidad al entorno de la formación.

Durante el resto de la jornada tratamos varios temas centrados en nuestro funcionamiento interno como red, buscando mejorar nuestros modelos de comunicación interna o poniendo en común la gran labor que ha llevado a cabo Paz, en el apartado de reunir e integrar nuestros estándares de red.

A las 18:30 damos por concluida la jornada, momento en que casi todos los nodos aprovecharon para salir y hacer algo de ejercicio en este marco inmejorable en que nos encontrábamos. Lamentablemente no fue mi caso, ya que otra área (laboral) clamaba por mi atención y decidí prestársela.

Pero el día no había terminado, aún pudimos disfrutar de una sabrosa cena en un restaurante italiano (¡picante!) y dejar que Marta nos hiciera reír de lo lindo a base de anécdotas sobre «el gerente».

Sobre esto, hay dos cosas más que no pueden quedar en el aire. La primera, es que en unas Jornadas OPTIMA LAB o te gusta el picante, o te gusta el picante. Parece binario, pero no lo es. La segunda, es que la incorporación de sangre joven se ha notado, y mucho. Más allá de sus valiosos aportes, Marta nos ha «contagiado» su espontaneidad y nos ha hecho disfrutar enormemente esos momentos de ocio y desconexión de un modo diferente (¡Gracias Marta!).

Día 2, martes 10 de septiembre

En la mañana de este segundo día y tras el desayuno, tratamos una amplia diversidad de temas relacionados en su mayor parte con ventas y delivery. Fueron fundamentalmente temas más cortos (aunque intensos) que los del día anterior.

Llegó la hora de la comida y esperábamos visita y es algo que yo personalmente aguardaba con ansia. Quizá porque en mis anteriores Jornadas no se dio la posibilidad de compartir y aprender junto a otras personas, expertos en sus respectivos campos. Quizá, porque en esta ocasión hablaríamos sobre 5S Digitales y, aunque mi conocimiento en la materia no era amplio, es un tema que llama mi atención.

Por un motivo u otro, lo cierto es que lo disfruté. Nuestros compañeros artesanos Julen Iturbe y Venan Llona nos dibujaron (todo lo detallado que se pudo, teniendo en cuenta el tiempo disponible) en qué consisten las 5S Digitales, las mejores prácticas que propone el método, y nos llevamos ideas sumamente útiles a futuro.

Más allá del conocimiento compartido en la tarde de este día, ha sido para mí todo un placer conocer a ambos. En los momentos de relax durante la comida, en la cena al concluir la jornada y durante el desayuno del día siguiente, pudimos charlar y conocernos mejor compartiendo entre otras cosas una master class sobre selfies brindada por Marta (la foto que ilustra esta entrada es un claro ejemplo de un alumno aventajado 😉) u opinión «friki» sobre nuestros gadgets tecnológicos.

En este punto, debo destacar mi agradecimiento a Julen por no faltar a la cita, a pesar de no tener la garganta para muchos trotes.

Día 3, miércoles 11 de septiembre

En esta última jornada y tras el habitual desayuno juntos, continuamos trabajando sobre nuestro tablero de Trello. El tema al que dedicamos más tiempo y energía en esta última mañana de Jornadas se centró en los cambios que se avecinan con la llegada de la versión 4 del nivel 1 de formación oficial GTD®.

No tardaréis en descubrir detalles, pero básicamente la versión 4 trae consigo la ampliación de la formación presencial con un completo programa de apoyo y refuerzo del comportamiento a través de una aplicación que desde OPTIMA LAB entendemos como un complemento de muy alto valor.

Al cierre de esta jornada, compartimos como viene siendo habitual nuestras reflexiones al respecto. Con ello, se han ido las XIII Jornadas OPTIMA LAB.

Alguien, al inicio de las mismas, hizo (en plan broma) el comentario de que quizá, mejor que las XIII, podrían ser las XII+I.

Creo que todas y todos, al cierre, podemos decir sin miedo ni reservas que han sido las XIII. Y han sido buenas.

Mi crónica de las XII Jornadas OPTIMA LAB: Profesionales de la Efectividad

Los recuerdos perduran cuando van asociados a emociones. A más fuerte la emoción, más profundamente grabado quedará ese recuerdo en nuestro ser.

Admiración, logro, agradecimiento, satisfacción, entusiasmo, compromiso, ilusión… Decenas de emociones y sentimientos, amparados bajo un gran manto de alegría. Todo esto he sentido durante los días 14, 15 y 16 de enero, durante las XII Jornadas de Innovación de OPTIMA LAB, que realmente han sido las primeras para mí.

Recién pasadas, no puedo evitar echar la vista atrás y hacer balance.

Recuerdo los días, hace años, en que aprovechaba pequeños momentos aislados para hacer rastreos exprés en la web buscando una pócima que me ayudase a gestionar mejor todos los compromisos que por aquel entonces me estaban sepultando.

El tiempo pasaba y la situación empeoraba; para dar cabida a mis compromisos laborales reduje primero mi tiempo libre, después lo eliminé totalmente, y fui reduciendo mi compromiso con el resto de mis áreas vitales en pro de mantener a flote la laboral.

Pero no fué suficiente. No llegaba a todo, y ya no tenía de donde quitar.

Tuve que verme tocado y hundido para buscar soluciones. He tardado años en encontrarlas, pero las he encontrado. Y con todas las mejoras que ha supuesto el haberlo hecho a todos los niveles de mi vida, he comenzado a pensar sobre los valiosos consejos que diferentes personas me han dado (a veces directamente, otras indirectamente a través de las páginas de un blog, o de un libro) y que me han hecho llegar a donde estoy.

Si tuviera que ponerle a esto un precio, no se cual le pondría… Pero sé de seguro que no podría pagarlo, al menos si fuese proporcional al valor real que ha aportado a mi vida.

Cuando algo así ocurre y tomas consciencia de ello, piensas en un modo de agradecer de alguna manera lo que otras personas han hecho por ti. Elegí el camino de hacer lo mismo, de tratar de aportar luz a quienes se encuentran en la desagradable situación que yo me encontré un día; ese es el compromiso firme que adquirí conmigo mismo y que me ha traído a donde me encuentro hoy.

Si he de ser sincero, no figuraba en las mejores de mis expectativas llegar tan rápido, ni tan lejos. Y lo digo porque estas XII Jornadas de OPTIMA LAB han servido para afianzar algo que por otro lado ya sabía; juego con la élite de la efectividad en nuestro país.

Entrando ya en materia sobre las Jornadas en sí mismas, todo para mí ha sido novedoso.

Comenzamos el Lunes con una sesión fotográfica en el Blow Up Studio de la mano de Xavi Vila. Ya en esta primera tarde me llevé una muy grata sorpresa; Xavi (a quien yo no tenía el placer de conocer personalmente) es un excelente profesional y ahora amigo, que supo crear un círculo de confianza dentro del marco «primera experiencia» que nos saca de nuestra zona de confort. El estrés inicial pronto se disipó, y el resultado ha sido sobresaliente, podréis comprobarlo pronto. Mención especial también al excelente trabajo de nuestra maquilladora, Cristina García de Quesada, a quien también tampoco conocía hasta la fecha.

Tras esto, cena en un restaurante indio, mi bautismo de fuego. Se rumorea en OPTIMA LAB que hasta que no pasas por la experiencia de cenar en un indio, te atiborras bien de picante y sobrevives dignamente a la experiencia, no has pasado por completo el rito de iniciación. Por suerte, el picante me gusta, y la comida india (que no había probado anteriormente) me ha encantado. Esta primera cena ha sido además una oportunidad excelente para conocernos un poco mejor (Xavi incluído) y un cierre perfecto para el primer día de Jornadas.

Martes y Miércoles transcurrieron, como es ya habitual, en el Palacio de los Infantes de Euroforum en San Lorenzo del Escorial. Para mí, del mismo modo que seguro ha ocurrido en el pasado con mis compañer@s, las primeras Jornadas suponen un input de información muy importante.

He aprendido mucho a lo largo de estos dos días, tanto por el hecho de haber descubierto gran cantidad de datos relevantes para mí, como a nivel más operativo sobre las formas de trabajo en OPTIMA LAB. Las cifras reflejan un crecimiento astronómico que supera en mucho las previsiones más optimistas, en gran medida gracias al gran trabajo que desarrollan mis compañer@s. La calidad, se vende sola.

Por otra parte, las jornadas de trabajo partiendo de nuestros tableros en Trello y adaptando qué hacer en cada momento en base a etiquetas de tiempo y energía es un método que puedo confirmar excelente. Hemos maximizado nuestros recursos y hecho en cada momento lo más adecuado, y gracias a ello hemos conseguido tratar con éxito la gran lista de temas previstos.

El balance no puede ser más positivo. Para mí supone el inicio de una etapa importante que afronto con gran ilusión y compromiso.

No puedo despedirme sin acordarme de mis compañer@s de OPTIMA LAB, por varios motivos. El primero, por haberme brindado la oportunidad que me lleva hoy a escribir estas líneas; una oportunidad que hoy calificaría como «de enorme repercusión» en mi vida y con la que estoy seguro que, del mismo modo que ha ocurrido con las expectativas de crecimiento anuales en OPTIMA LAB, valoro por debajo de su repercusión real y solo con el tiempo, a vista de pájaro, podré evaluar con objetividad.

El segundo, la gran cercanía que transmiten a todo lo que hacen, como buen@s artesan@s, y que incluye la bienvenida a brazos abiertos que me han brindado y con la que no puedo menos que sentirme como uno más en la red.

Por todo ello, ¡gracias David, Jordi, José Miguel y Paz!

Finalmente, y dado que Cruz ha abandonado la red recientemente y no he tenido el privilegio de trabajar a su lado, quiero desearle desde aquí mucha suerte en sus proyectos. Quizá el futuro nos brinde nuevas oportunidades y nuestros caminos se crucen. ¡Suerte Cruz!

P.D.: Si te ha gustado mi resumen de las Jornadas, hay buenas noticias. Tanto David, como Jordi, José Miguel, y Paz, comparten su particular visión de lo que estos tres días han supuesto en sus vidas, ¿Te animas a conocer más?

Un nuevo compromiso, y un nuevo área

Han pasado ya unos cuantos años (¡unos cuantos!) desde que puse en marcha mi primer blog.

En aquella época era un estudiante con pocos años más de los que ahora tiene mi hijo, fascinado por la grandeza de lo que se estaba gestando y que hoy es Internet. Escribía para mi -dudo que hiciesen falta más que los dedos de las manos para contar mi público- y divulgaba lo que por entonces era mi pasión, el mundo de la informática y las tecnologías.

Me apasionaba aprender y me apasionaba poder compartir lo que iba aprendiendo. Me introduje en el increíble mundo del software libre, y no exento de esfuerzo, rápidamente me convertí en el más friki entre mi grupo de amigos. Mientras su actividad frente a un ordenador se reducía a buscar incansablemente la música de moda en Napster, yo me pasaba horas frente a un PC con Linux instalado y sin entorno gráfico investigando el sistema, o IPtables, Emacs, Vim, Apache… lo que se me cruzase en el camino y permitiese hacer de un modo difícil lo que podía hacerse de un modo más fácil. Podría parecer irónico… pero para mi tenía sentido. Yo quería comprender, quería llegar a la raíz, conocer todos los detalles, para poder descomponer y construir, analizar y mejorar si encontraba el modo, y por último mostrar en mi blog todo lo que aprendía. Me compraba libros sobre los temas que estudiaba -en muchos casos de importación, ya que el mercado en castellano era más bien escaso- y me los leía, con un diccionario de inglés siempre a mi lado.

Ansiaba poder explicar a otras personas de un modo sencillo y comprensible todas esas cosas que yo iba aprendiendo a golpes, de forma autodidacta. Eso me llevó también a trabajar de forma colaborativa en las traducciones de lo que era la documentación oficial de Debian -la distribución Linux que yo utilizaba- siempre pensando en allanar el camino a quienes venían detrás. Traduje varios documentos -o partes de ellos,  básicamente manuales de uso de software que yo utilizaba-. No los recuerdo todos, pero sí guardo cariño especial por algunas que incluso aún conservo, como es el caso del cliente de IRC Irssi, que utilizaba a todas horas para conectarme a redes activas en estas temáticas como en aquella época era FreeNode.

Entre aquello y la actualidad, han pasado muchos años, muchas idas y venidas. Internet hoy es otra cosa, no creo que en aquellos años hubiera podido augurarlo ni siquiera haciendo gala de mi actitud más optimista. Pero si hay algo que debo agradecer, es no haber perdido mi pasión por aprender o por compartir mis aprendizajes públicamente. Creo firmemente que dar y recibir, sembrar y recoger lo que otros siembran, es garantía de plenitud y éxito a título personal.

Otras cosas sí han cambiado. Nunca he llegado a perder mi pasión por el mundo tecnológico, pero hoy la tecnología ha avanzado tanto que me ha dejado atrás -o yo la he dejado ir, o ambas cosas-. Sin embargo hay excelentes profesionales generando contenidos y publicaciones diversas que cubren la gran mayoría de necesidades a ese respecto, y hoy soy un satisfecho consumidor de todo ese material.

Por circunstancias del destino y de forma no premeditada, hace ya unos años que descubrí algo que vendría a ocupar un lugar importante en mi vida. Llegué buscando soluciones, y a base de dedicación y esfuerzo -además del excelente trabajo que otros han ido sembrando- las encontré.

El mundo de la efectividad personal es apasionante. Por un lado, hay mucho camino recorrido pero también hay tanto por recorrer y difundir, que supone un reto de considerables dimensiones para alguien con ganas de aprender, contribuir y compartir. Por otro, ofrece soluciones reales a problemas reales, contribuye a mejorar la calidad de vida y la salud de personas y organizaciones, lo que supone una inyección de motivación muy interesante. Invertir para aportar. Crear algo útil. Trabajar por el cambio a mejor. En esencia y práctica, lo mismo que hacía años atrás pero con un objetivo más ambicioso.

Este año 2.018 que se nos está escapando, ha sido un año plagado de acontecimientos en mi vida, tanto en el ámbito personal/familiar, como en el laboral. Acontecimientos que se han estrellado contra mi realidad y que están generando reacciones que irán dando sus frutos durante el 2.019 que dentro de poco estrenaremos.

Tras años en los que he ido publicando aquí y allá, sin un «hogar virtual» ni una regularidad estables -con buenas intenciones pero sin compromiso-, he decidido sí comprometerme con esa voz interior y crear este espacio para compartir. Aún lo estoy «maquillando», pero ya tengo algunas cositas para publicar y muchas ideas que generarán publicaciones futuras. A lo largo de los próximos meses habrá también sorpresas, que espero que os gusten tanto como a mí me está entusiasmando prepararlas.

Doy por tanto hoy este espacio como oficialmente inaugurado, un nuevo compromiso y un nuevo área se suman a mi realidad.